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Marsupiales, cánidos, roedores y primates pueden contraer, en cualquier etapa de sus vidas, una enfermedad conocida como Lehismaniosis, un mal que tiene como vector principal al mosquito de los géneros Phlebotomus y Lutzomyia.

En los perros, constituye un problema parasitario grave que, en principio, se manifiesta con la incontrolable pérdida de pelo, sobre todo en la zona facial. A medida que el cuadro se agrava, se puede detectar fiebre, apatía, una disminución notoria del peso aún cuando el afectado no pierda el apetito e inconvenientes asociados a la insuficiencia renal.

Por lo general, es con el calor que aumentan los casos de lehismaniosis canina, aunque siempre que haya mosquitos existen riesgos de contagio, por eso es tan importante mantenerse en alerta y proteger en cuanto sea posible a los animales. Si bien no hay fórmulas seguras para ahuyentar mosquitos, mantenerlos bajo techo y apelar a sprays que no resulten tóxicos para el animal pero lo protejan de las picaduras pueden ser alternativas beneficiosas.

Con una alimentación adecuada y una salud fuerte, muchos ejemplares pueden resistir las picaduras de los mosquitos flebotomos, pero otros, por estrés o debilidad de su sistema inmunitario, pueden terminar enfermos y, de no recibir tratamiento en tiempo y forma, morir en un corto periodo de tiempo.

Según los expertos, la lehismaniosis tiene un periodo de incubación de entre tres y dieciocho meses.

Lamentablemente, no es un mal que pueda ser curado por completo (sólo en unos pocos casos, y controlados en la fase más temprana de la enfermedad se logra vencerla) pero sí es posible tratar los síntomas y proporcionarle al afectado una mejor calidad de vida, aunque hay que saber que se trata de un proceso largo y costoso.

Es impactante para un amo que adora a su mascota recibir la noticia de que su perro está enfermo de lehismaniosis, pero antes de dejarse vencer por sus propias emociones se debe priorizar el estado del animal y evaluar qué es lo mejor para él. Frente al sufrimiento canino, muchos amos prefieren sacrificar al ejemplar, pero no todos los cuadros llegan a ser irreversibles o complejos: si se advierten a tiempo los síntomas y el diagnóstico es acertado, existen altas probabilidades de darle batalla a la tan temible lehismaniosis.